S?bado, 29 de octubre de 2005
Modernamente se est? hablando mucho de complejos que alteran la vida del hombre.
Unos tienen complejos de inferioridad, que los anulan.
Otros, complejos de timidez, que los inhiben.
No faltan quienes experimentan el complejo de superioridad o de dominio, que los lanza a empresas desorbitadas que ineludiblemente terminan en fracasos desalentadores.
Dicen los psic?logos que, quien m?s, quien menos, todos estamos en el ?mbito de alg?n complejo.
?Por qu? entonces extra?arse de tener el complejo de Dios?
Si, al fin y al cabo, es el ?nico complejo verdaderamente liberador, el ?nico que no aplasta, sino que alienta, el ?nico que no corta las alas sino que las extiende y aumenta su potencialidad.
Ver en todo a Dios no destruye la propia personalidad, sino que la reafirma, la orienta, la fundamenta y robustece.

"Exalt?ndose a si mismo el hombre como regla absoluta, o hundi?ndose hasta la desesperaci?n la duda y la ansiedad se siguen en consecuencia... La Biblia nos ense?a que d hombre ha sido creado a imagen de Dios, con capacidad para conocer y amar a su Creador y que por Dios ha sido constituido se?or de la entera creaci?n visible, para gobernarla y usarla, glorificando a Dios" (GS, 12).
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