Viernes, 28 de octubre de 2005
Compadecer es padecer con otro; pero no se puede padecer con otro si antes no se ha padecido solo.
Comprender es aprender con otro; pero eso requiere que antes hayamos aprendido nosotros solos.
Por eso, no debes juzgar que est?s perdiendo el tiempo ni los esfuerzos cuando est?s sufriendo solo; te est?s capacitando para sufrir con los dem?s.
Quien sabe sufrir, sabe hacer sufrir menos; quien sabe llorar, sabe comprender mejor a los que lloran.
A veces se sufre m?s de lo que Dios quiere, o porque se sufre como Dios no quiere, o porque no se sufre con los dem?s.
No se puede llegar a comprender lo que significa una l?grima si antes no se ha gustado su sabor salado rodando por las propias mejillas y llegando a los propios labios.
?Qu? cosa llamativa! Las l?grimas propias saben a salado; las l?grimas de los dem?s saben a dulce cuan- do se mezclan con las propias.

"Escucha mi s?plica, oh Yahv?, prest? o?do a mi grito, no te hagas sordo a mis l?grimas, pues soy un forastero junto a ti, un hu?sped como todos mis padres" (Salmo 39, 13). Yahv? siempre escucha nuestras s?plicas, si es que ?stas se hallan presentadas con la debida humildad y confianza en su bondad infinita.
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