Viernes, 21 de octubre de 2005
M?s de una vez te habr? pasado que has estado su- friendo una pesadilla en tu sue?o pesado. Te sent?as angustiado? Pero de repente despertaste y la angustia se disip? y la pesadilla desapareci? y tu esp?ritu se sinti? aliviado.
Esto es lo que puede sucederte con relativa frecuencia en tu vida; el dolor puede serte de no poca utilidad, aunque te resulte amargo, como amarga es la medicina, sin dejar de ser en extremo beneficiosa.
El dolor puede serte un despertador excelente, con que Dios te haga despertar de tus sue?os irreales de tus letargos infecundos.
El dolor puede acercarte a Dios, si es que lo sabes sufrir, pues de lo contrario quiz? te sirva para alejarte m?s de Dios.
Todo depende del modo como te decidas a llevar tu dolor.
Todo depende de que hagas t? del dolor tu despertador, o lo conviertas por el contrario, en aplanadora que te aplaste y destruya.

"Este es el gran misterio del hombre, que la Revelaci?n cristiana esclarece a los hombres. Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte, que fuera del Evangelio nos envuelve en absoluta oscuridad" (GS, 22). Un misionero claretiano exclam?: "Nunca me he sentido tan ap?stol, como ahora que sufro"
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