Jueves, 20 de octubre de 2005
Indudablemente la prueba convincente de que uno ama de veras, es cuando sufre por la persona o por el ideal que ama.
El sufrimiento acrisola el amor y lo hace m?s puro y generoso; no debemos quejamos nunca de que debemos sacrificarnos por aquellas cosas o personas que amamos.
Si no quieres sufrir, renuncia a amar.
Pero si no amas, ?me puedes decir para qu? quieres vivir?
Ah? tienes tres realidades que, en ?ltimo t?rmino, no son m?s que una sola: sufrir, amar, vivir.
C?mbialas, si deseas, de orden: vivir, amar, sufrir... o como t? quieras; pero siempre habr? entre ellas una conexi?n que las vuelve inseparables.
No te fijes tanto en que estas sufriendo; f?jate mas bien en que est?s amando, o en que est?s viviendo; entonces el sufrimiento tendr? otro sentido y t? cobrar?s mayores fuerzas.

"La Iglesia Madre no cesa de orar, esperar y trabajar y exhorta a sus hijos a la purificaci?n y renovaci?n, a fin de que la se?al de Cristo resplandezca con m?s claridad sobre la faz de la Iglesia" (LG, 15). La purificaci?n nunca se realiza sin dolor; acepta tu dolor, como acto de panificaci?n.
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