Domingo, 16 de octubre de 2005
Nada se busca hoy, nada se anhela tanto, como la paz.
La paz para el mundo, la paz para nuestras familias, la paz para cada uno de nosotros.
Pero hay varias clases de paz: la paz de los cipreses del cementerio; la paz de los silencios; la paz envuelta en el canto de los p?jaros.
Ninguna de ellas es comparable a la paz, que produce en el interior de todo hombre el saber que en su vida se est? cumpliendo la voluntad de Dios.
Porque entonces la vida cobra sentido, la vida est? fundamentada, asegurada, se halla pac?fica.
Cuando todo est? en su sitio, cumpliendo con su funci?n, es cuando se goza de paz; si todo en m? se halla ordenado seg?n la voluntad del Creador, podr? gozar de una profunda y aut?ntica paz interior.

"La lglesia est? fortalecida con la virtud del Se?or resucitado, para triunfar con paciencia y caridad de sus aflicciones y dificultades, tanto internas como externas, y revelar al mundo fielmente su misterio, aunque sea entre penumbras, hasta que se manifieste en todo el esplendor al final de los tiempos" (LG, 8).
Comentarios