Viernes, 14 de octubre de 2005
Un sol radiante y una atm?sfera limpia y acaricia dora. Pero, en lugar de disfrutarla, corremos el riesgo de desperdiciarla si en nuestro coraz?n no hay paz.
Cuando no hay paz, hasta el sol parece desagradable y maligno; hasta la tranquilidad de la atm?sfera molesta y desagrada.
Un d?a de viento y lluvia pesado, molesto.
Pero teniendo paz en el coraz?n, podemos hacer que la lluvia deje de ser molesta y se convierta en canto y m?sica; pegadas las narices contra el vidrio mojado y oyendo el tintineo de la lluvia, podemos hacer que sus gotas repiqueteen en nuestro coraz?n.
Quiere decir que no son las cosas, sino que es el coraz?n el que pone en nosotros alegr?a o tristeza, optimismo o derrotismo, amargura o paz.

"Os exhorto, por el Se?or, a que viv?is de una manera digna de la vocaci?n con que hab?is sido llamados" (Ef. 4, 1 ) . Indudablemente el Se?or ha dado a cada uno su vocaci?n personal, que debe cumplir; cada uno ha de ser fiel a esa vocaci?n; si te ha llamado al apostolado, es in?til que vayas buscando o tras formas de vida cristiana: no las hallar?s.
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