Jueves, 13 de octubre de 2005
Todos pedimos y todos esperamos conseguir lo que pedimos: mejoras, confort, comodidades, excepciones...
Todos pedimos y son pocos los que dan. Son pocos los que imitan a Cristo, cuyas manos nunca pidieron y siempre dieron; y porque siempre dieron, se le fueron gastando de tal forma, que hasta se le llegaron a perforar.
Nuestras manos, a semejanza de las suyas, tambi?n pueden gastarse y romperse de tanto dar: dar con- suelo, dar ayuda, dar comprensi?n, dar fuerza; dar, dar y siempre dar.
Es la mejor manera de realizarse uno mismo, aun a costa de que se nos perforen las manos, como las de Cristo.
No debemos contentarnos con dar, ni aun con darnos espor?dicamente; debemos estar en constante disposici?n y actitud de darnos; debemos hacer del "darnos" algo as? como una especie de estado de vida.

"Maldito sea aquel que f?a en hombre y hace de la carne su apoyo y de Yav? se aparta en s u coraz?n" Bendito sea aquel que f?a en Yahv?, pues no defraudar? Yahv? su confianza; es como ?rbol plantado a las orillas del agua, que a la orilla de la corriente echa ra?ces. No temer? cuando viniere el calor"... (Jer. 17, 5-8). El verdadero hijo de Dios n o teme, ni aun cuando oiga rugir la tempestad. Sabe que est? en Dios y que en El encuentra seguridad.
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