jueves, 29 de septiembre de 2005
29 DE SEPTIEMBRE
Alguien escribió que en el corazón de todo hombre duerme un santo y, al mismo tiempo, duerme un pecador; un vulgar hombre, quizá hasta un criminal y también un santo.
Cada uno de nosotros ha de cobrar conciencia de eso y cada uno de nosotros deberá despertar en sí al héroe y al santo, dejando aletargados al pecador y al criminal.
Si es bueno que el hombre vulgar quede adormecido y anulado en nuestro interior, no será bueno que el santo y el héroe sigan durmiendo e inactivos.
Todos llevamos dentro de nosotros mismos un bloque de mármol, del cual podemos tallar o la imagen de un bufón, o el busto de un poeta; de nuestra vida podemos hacer, la del hombre que tiene miras rastreras, o la del que vive para hacer el bien y para sus citar la inquietud de hacer e! bien.
"Sabemos que la Ley es espiritual, mas yo soy de carne, vendido al poder del pecado. Real mente mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco" (Bom. 7 14-15). No re extrañes de experimentar en ti también esta ley del pecado: la inclinación al mal; humillare como el apóstol y, puesta la confianza en el Señor, sigue en tu esfuerzo por ser cada día un poquito mejor. Y esto a pesar de tus caídas
Cada uno de nosotros ha de cobrar conciencia de eso y cada uno de nosotros deberá despertar en sí al héroe y al santo, dejando aletargados al pecador y al criminal.
Si es bueno que el hombre vulgar quede adormecido y anulado en nuestro interior, no será bueno que el santo y el héroe sigan durmiendo e inactivos.
Todos llevamos dentro de nosotros mismos un bloque de mármol, del cual podemos tallar o la imagen de un bufón, o el busto de un poeta; de nuestra vida podemos hacer, la del hombre que tiene miras rastreras, o la del que vive para hacer el bien y para sus citar la inquietud de hacer e! bien.
"Sabemos que la Ley es espiritual, mas yo soy de carne, vendido al poder del pecado. Real mente mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco" (Bom. 7 14-15). No re extrañes de experimentar en ti también esta ley del pecado: la inclinación al mal; humillare como el apóstol y, puesta la confianza en el Señor, sigue en tu esfuerzo por ser cada día un poquito mejor. Y esto a pesar de tus caídas

