Jueves, 22 de septiembre de 2005
Dicen que el rostro es el espejo del alma; en ?l se manifiestan los distintos estados an?micos, las distintas disposiciones internas.
Si no quieres que tu rostro refleje la c?lera o el mal humor, no lo fomentes en tu interior; no ofrezcas a tus familiares, a tus dependientes, a quienes tratan contigo, o se mueven a tu alrededor, la triste escena de un rostro amargado, aplastado repelente.
Ofrece m?s bien un aspecto alegre, optimista, emprendedor; la sonrisa es siempre m?s atractiva que el ce?o adusto o el gesto amargante.
Y no s?lo m?s atractiva, sino tambi?n m?s constructiva; ser?s m?s, conseguir?s m?s, ser?s m?s ?til, si en tu interior fomentas el orden, la tranquilidad y una serena paz. Ser?s m?s acepto a los dem?s, porque en tu exterior, en tu rostro aparecer? tu interior.

"Yo exalto a mi Dios, y mi alma se alegra en el Rey del cielo. Su grandeza sea de todos celebrada y confi?senle todos en Jerusal?n" (Tob. 13-7). T? tienes sobrados motivos para alabar al Se?or y para dedicarte a que todos cuantos te rodean se dediquen tambi?n a alabarle. Todo lo has recibido de El; a El le debes infinitas acciones de gracias.
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