Lunes, 19 de septiembre de 2005
El que dice es muy inferior al que hace.
Mejor es hacer que decir.
Has dicho muchas veces que te ibas a corre de tus defectos. Que no ser?as tan impetuoso, tan vio lento, tan irreflexivo., tan..., lo has dicho muchas veces y te lo has dicho a ti mismo.
?No habr? llegado el tiempo de hacer, m?s que de decir? Todas las palabras no pesan corno una sola obra.
Cuando has hablado a los otros, les ha dicho c?mo deben ser consigo mismos, con sus familiares, con todos los dem?s... ?No ser? tiempo de que no hables tanto y hagas t? lo que les dices que deber?an hacer ellos?
Indudablemente la promesa tiene su valor; al me nos denota una buena voluntad que siempre debemos suponer sincera. Pero si la promesa es buena, mucho mejor es la realizaci?n.

"Todo el que oiga estas palabras m?as y no las ponga en pr?ctica, ser? como el hombre in sensato, que edific? su casa sobre arena" (Mt. 7, 26). No basta escuchar la palabra del Se?or: es preciso practicarla; por eso Mar?a Sant?sima fue proclamada feliz, no tanto por haber escuchado, cuanto por haber practicado la palabra del Se?or (Le. 11, 28).
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