Jueves, 15 de septiembre de 2005
La perfecci?n no se tiene, pero se adquiere.
Nadie puede llamarse perfecto; pero todos estamos llamados a conseguir la perfecci?n.
A nadie se le puede exigir que alcance la perfecci?n en un solo d?a; pero todos estamos obligados a trabajar de continuo, a esforzarnos d?a a d?a por alcanzar la perfecci?n.
Nadie llega a ser eminente matem?tico en un solo d?a; necesita muchos esfuerzos; nadie se convierte en m?sico famoso en una semana; son precisos muchos a?os.
Nadie podr? corregir sus defectos con un solo es fuerzo; pero si ese esfuerzo no lo hace y no lo repite a diario, nunca llegar? a ser perfecto.
Es triste tener defectos; pero es mucho m?s triste hacer las paces con los defectos, resignarse a tenerlos.

"No os acomod?is al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovaci?n de vuestra mente, de forma que pod?is distinguir cu?l es la voluntad de Dios, lo bueno, lo agradable, lo perfecto" (Rnm. 12, 2). Conocer la voluntad de Dios sobre ti y, una vez conocida, cumplirla fielmente; ?sa debe ser tu norma de vida en todo y por todo.
No te olvides que lo ?nico que santifica es la voluntad de Dios.
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