Mi?rcoles, 14 de septiembre de 2005
El ap?stol San Pablo dice en una de tus cartas:
"?Qui?n de vosotros est? triste, que yo no me aflija? ?Qui?n est? necesitado, que yo no me preocupe? ?Qui?n est? alegre, que yo no me goce de su alegr?a?".
Indudablemente el ap?stol Pablo sab?a muy bien que todos los hombres eran sus hermanos y que na da pod?a suceder a ninguno de ellos, sin que le tocara a ?l muy directamente.
Todo hombre es mi semejante; es un primer paso, pero no el decisivo. Todo hombre es mi compa?e ro; es un segundo paso, pero no el ?ltimo. Todo hombre es mi hermano; es finalmente el encuentro de la fraternidad cristiana, que une a todos los hombres en el Coraz?n de Dios.
"Los hermanos sean unidos", dice nuestro poema gaucho.
"Los hermanos ?mense y ay?dense unos a otros", nos manda el Evangelio.

"?Oh! Qu? bueno, qu? dulce habitar los hermanos todos juntos" (Salmo 133, 1). Unirse con ?os hermanos es unirse con el Padre celestial; desunirse con ellos es aflojar los lazos que unen con el Padre. No te olvides que el bautismo no se vive, sino se convive.
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