Domingo, 04 de septiembre de 2005
Nos es frecuente o?r decir, ante cualquier circunstancia: "Lo hice porque me arrastr? la corriente, la costumbre..."
T? no debes dejarte arrastrar por nada ni por nadie, que no sea tu propia conciencia; porque en tu vida no debes tolerar que mande nada ni nadie m?s que t?.
Si te dejas arrastrar, ser?s como hoja de ?rbol ca?da y seca y, por lo mismo, ya infecunda y est?ril.
Si permaneces fiel a los dictados de tu conciencia, ser?s como la roca milenaria, que siempre se?ala la ruta a los caminantes.
No quieras, pues, sincerar tu culpa cuando obras "arrastrado por la corriente"; en realidad lo ?nico que te arrastr? fue tu falta de voluntad, la debilidad de tu car?cter.
Si te dejas arrastrar, eres una cosa; si no dejas que nada ni nadie te arrastre, eres simplemente hombre.
S? persona; no seas cosa.
Pide al Se?or que fortifique los m?sculos de tu cuerpo y tambi?n los resortes de tu voluntad.

"Cuanto mayor es d predominio de la recta conciencia, tanto mayor seguridad tienen las personas y las sociedades, para apartarse del ciego capricho y para someterse a las normas objetivas de la moralidad" (GS, 16). Dios te habla por tu conciencia:
esc?chalo.

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