Mi?rcoles, 31 de agosto de 2005
as palabras de Dios pasan muchas veces sobre nosotros sin tocamos.
Las palabras de Dios llaman con frecuencia a nuestro o?do, si?ndonos a menudo molestas.
Las palabras de Dios llegan al coraz?n para que meditemos sobre ellas.
Las palabras de Dios nos tocan como un rayo y nos hacen temblar.
Las palabras de Dios se graban en nuestra memoria corno saetas en la carne y quedamos iluminados.
Las palabras de Dios nos cautivan y ya no hay resistencia.
Las palabras de Dios se adue?an de nosotros y somos transformados.
Por eso se ha podido afirmar que el bien mayor de la mente es el conocimiento de Dios; y a ese cono-cimiento podremos llegar ?nicamente escuchando, meditando y viviendo la palabra de Dios.

"En el principio la Palabra exist?a y la Palabra es taba con Dios y la Palabra era Dios" (Jn. 1,
1). "El Reino de los cielos brilla ante los hombres en la palabra, en las obras y en la presencia de Cristo. La Palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en d campo; quienes la oyen con fidelidad y se agregan a la peque?a grey de Cristo, ?sos recibieron el Reino" (LG, 5).


Un Cristo soy
para la humanidad.
Piedad, acci?n
y estudio he de tener
cual lema fiel,
que a mi me habr? de dar
colores de la gracia
que en mi alma brillar?n

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