Mi?rcoles, 31 de agosto de 2005
Nos resulta dif?cil admitir a los otros tal como ellos son; siempre tratamos de corregirlos, de hacerlos como somos nosotros.
Pero, con qu? derecho pretendemos anular su personalidad, hacerlos de distinta forma de como los hizo Dios?
Por otra parte, si nosotros pretendemos cambiar los, para que sean como nosotros, es porque sub-conscientemente estamos convencidos de que nosotros somos como hay que ser, que nuestra forma de ser es la mejor de todas; por eso quisi?ramos que los de m?s fueran como nosotros.
Y tener ese convencimiento es evidentemente un orgullo desmedido.
Cada uno tiene su personalidad y todos debemos respetar la personalidad de los dem?s; reconocer que ellos tienen derecho a ser distintos de nosotros y a pensar que la forma de ser de ellos es mejor que la nuestra.
En conclusi?n: hay que aceptar a los dem?s tal como son y sin pretender cambiarlos a nuestro gusto.

"Vosotros sois mis testigos y mis siervos, a quienes eleg?, para que se me conozca y se me crea por m? mismo y se entienda que Yo soy" (Is. 43, 10,). Sublime la misi?n que Dios te ha confiado:
ser su testigo y ser su pregonero, ser su ap?stol.

Comentarios