Lunes, 15 de agosto de 2005
Debemos brindar todo nuestro afecto y nuestra ayuda a todos.
A todo hombre: al que est? en buena posici?n eco n?mica y al que se ve privado hasta de las cosas m?s necesarias.
Al que goza de salud, pero tambi?n al enfermo. Al que come todos los d?as y al que s?lo puede hacerlo d?a por medio.
Al que piensa como nosotros y al que discrepa de nuestras opiniones, sean ?stas sociales, pol?ticas o religiosas.
Al que est? cerca de nosotros al que vive muy alejado.
A todos sin excepci?n: la dama de casa que firme con tres apellidos es nuestra hermana, lo mismo que la joven de servicio dom?stico. Todos somos herma nos; trat?monos como hermanos; am?monos como hermanos; ayud?monos como hermanos. La vida ser? distinta.
S?lo entonces es cuando estaremos capacitados para poder rezar el Padre nuestro, para poder decir a Dios que es nuestro Padre; solamente entonces, cuando logremos tratarnos unos a otros como herma-nos y lo hagamos con entera sinceridad.

"Es completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado y condici?n, est?n llama dos a la ple-nitud de la vida cristiana y a la perfecci?n de la caridad, y esta santidad suscita un nivel de vida m?s humano, incluso en la sociedad terrena" (LG, 40).
Comentarios