Jueves, 11 de agosto de 2005
Los ni?os merecen todo nuestro respeto y nuestro amor. No estar? de m?s que examinemos si hemos faltado al respeto al ni?o; no solamente los ni?os pueden faltar el respeto a los mayores; la falta de respeto al ni?o, por parte de los adultos, es mucho m?s grave.
Y examinemos si nuestro amor a los ni?os ha sido siempre sincero, grande y puro.
Y finalmente, analizar, con entera honestidad ante la propia conciencia, si la mirada de los ni?os, que todo lo descubre, pudo ver siempre en nosotros a Dios.
Los ni?os son como diamantes en bruto, que hay que trabajar y pulir; son una l?nea de puntos suspensivos, sin saber qu? encierran en su suspenso. Quiz? de nosotros dependa el que algunos de esos puntos suspensivos se resuelvan en magn?ficas afirmaciones de fidelidad al deber, de generosidad y de entrega.

"El que reciba a un ni?o como ?ste en mi Nombre, a m? me recibe. Pero el que escandalice a uno de estos peque?os que creen en m?, m?, le va le que le cuelguen al cuello una de esas piedras de mo lino que mueven los asnos, y le hundan en lo pro fundo del mar" (Mt. 18, 5-6). Cuida de tus ni?os y cuida de los ni?os en general; su pureza es lo m?s hermoso que existe sobre la tierra.
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