S?bado, 06 de agosto de 2005
Semejantes a las bienaventuranzas del Evangelio son las del libro del Kempis:
"Bienaventurado el hombre que escucha al Se?or, que le habla interiormente y de su boca recibe palabras de consolaci?n.
Bienaventurados los o?dos que perciben lo sutil de las inspiraciones divinas y no advierten los susurros mundanos.
Bienaventurados ciertamente los o?dos que no escuchan la voz de afuera, sino la verdad que ense?a dentro.
Bienaventurados los ojos que, cerrados a las cosas exteriores, s?lo est?n atentos a las interiores.
Bienaventurados los que penetran las cosas interiores y estudian con ejercicios continuos, para prepararse a entender cada d?a m?s los secretos celestiales".
Ya sabemos que tambi?n lo exterior es necesario; pero como nos absorbe tanto lo exterior y descuidamos tanto lo interior, por eso est?n en su lugar las bienaventuranzas del Kempis.

E1 fruto del Esp?ritu es amor, alegr?a, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jes?s han sacrificado la carne con sus pasiones y sus apetencias" (G?l. 5, 22-24).
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