Domingo, 31 de julio de 2005
?Qu? poco cuesta ser agradecido y, sin embargo, cu?nto se estima la gratitud!
Esa propina que dejas sobre la mesita del restaurante, sin decir palabra, sabr?a mejor si a?adieras una sola palabrita, tan f?cil de pronunciar: "?Gracias!"
Esos pocos pesos que depositas en la mano del que te lustra los zapatos, ser?an recibidos con mayor alegr?a si los acompa?aras de una palabra que diera a conocer a ese hombre humillado a tus pies, que su trabajo es dignificador y que por ello le est?s agradecido.
Esa carta que recibes, ese telegrama, esa verdura que compras, ese llamado telef?nico que atiendes, ese servicio que te presta un empleado p?blico, esa informaci?n que te dan en la estaci?n terminal... todo eso y muchas otras cosas, si estuvieran salpicadas de la palabrita "?Gracias!" y de una amable sonrisa, sincera, c?lida, no dejar?a de llegar hasta el coraz?n de los dem?s y los volver?a m?s abiertos, m?s dispuestos a la ayuda del pr?jimo, m?s sol?citos.
Si cada d?a dijeras "?Gracias!" a Dios por darte un nuevo d?a y por hacerte gozar de salud y de tantas otras cosas, la vida de tu esp?ritu ser?a m?s intensa y la vivir?as con otra proyecci?n.

"Cristo sana a los diez leprosos de su enfermedad solamente uno de ellos volvi? para agradecer a Dios la salud recibida; Cristo tom? la palabra y dijo: "?No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ?d?nde est?n? ?No ha habido quien volviera a dar gIoria a Dios sino este extranjero? Y le dijo: Lev?ntate y vete; tu fe te ha salvado" (Lc.17, I1-19).

Lo promet?
ante el Sagrario ayer; se lo jur?
al Cristo de mi fe;
que guardar?
total fidelidad,
la luz de mi cursillo
no se apagar? jam?s.

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