Jueves, 28 de julio de 2005
Cuando vas por la calle te topas con infinidad de gentes de toda clase y condici?n que revelan en su rostro distintas disposiciones an?micas.
Van unos con rostro sonriente, lleno de felicidad; les ha salido bien un negocio, han tenido suerte en una empresa, recibieron una grata noticia, se encontraron con alguien a quien aprecian...
Otros denotan preocupaci?n: tienen problemas familiares que los acosan, situaciones econ?micas oprimentes, disgustos con los amigos, inseguridad en su trabajo.
Otros pareciera que van mirando hacia adelante y hacia las alturas: tienen proyectos, ideas, planes que desean realizar; y eso les da fuerza y optimismo.
Solamente es digno de compasi?n aquel que "se aburre", que no hace nada ni tiene planes de hacer algo; aquel que no tiene vitalidad, que no halla objetivo a su existir, para el que la vida carece de sal.

Eso es triste. M?rate al espejo y dime c?mo te ves.
"En la Iglesia por la fe somos instruidos tambi?n acerca del sentido de nuestra vida temporal, mientras que con la esperanza de los bienes futuros llevamos a cabo la obra que el Padre nos encomend? en el mundo y labramos nuestra salvaci?n" (LG, 48).

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