Mi?rcoles, 27 de julio de 2005
Ayer le di una receta, con garant?a cierta de ?xito. Sin embargo, parece que usted no qued? bien convencido; al menos del todo. Parece que en no pocas ocasiones trat? usted de hacer algo semejante y no le dio el resultado apetecido.
Por eso, a t?tulo de garant?a de la receta que ayer le di, debo ahora hacerle algunas observaciones: ?No puso usted alg?n diente de ajo? ?No se le escap? demasiada pimienta? ?Quiz? no le cay? descuidadamente alg?n aj??
Porque, evidentemente, cualquier receta quedar?a echada a perder y aun resultar?a muy desagradable si le hubiera pasado alguna de esas cosas; ya sabe lo que dicen por ah?: para que una ensalada est? bien sazonada ha de tener mucho aceite y poco vinagre.
?Qu? cosas tienen los cocineros!
Su vida tiene mucho de ensalada compuesta de numerosos elementos, a veces dif?ciles de compaginar; ?chele a su vida mucho aceite que suavice y no le ponga cara de vinagre a nadie; si prueba, quiz? llegue a convencerse de lo que le digo.

"Dios encerr? a todos los hombres en la rebeld?a, para usar con todos ellos de misericordia" (Rom. 11, 32). "Como todos caemos en muchas faltas, continuamente necesitamos la misericordia de Dios, y todos los d?as debemos orar: ?Perd?nanos nuestras deudas?" (LG, 40).
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