Viernes, 22 de julio de 2005
Para el cristiano hay pocas realidades que revistan una proyecci?n tan vital, como la de "comuni?n".
Y es que comuni?n y comunidad son dos t?rminos que marchan al mismo ritmo teol?gico, tanto en la convicci?n como en la vida del cristiano. Comuni?n es com?n-uni?n; sin esa com?n-uni?n no puede existir la vida de la fe, la vivencia del amor.
Solamente cuando "lo m?o" se convierta en "lo nuestro", Dios lo convertir? en "lo suyo"; y solamente cuando "lo m?o" sea "lo suyo", lo de Dios, es cuando nos sentiremos elevados sobre nuestra propia naturaleza; pero insistamos en que "lo m?o" llegar? a ser "lo de Dios" solamente cuando haya pasado por la etapa de ser visto y vivido como "lo nuestro", lo de todos.
Y es que en la Iglesia todo sabe a familia; no a fuerza que estatice por ley y borre todas las desigualdades, sino a amor que busca la comunicaci?n, la comuni?n de unos con otros.

"Nosotros, siendo muchos, no formamos m?s que un solo cuerpo en Cristo, siendo cada uno por su parre los unos miembros de los otros" (Rom. 12, 5). Descubrir a la comunidad es la mejor forma de encontrar a Dios y encontrarse consigo mismo. En el pr?jimo nos encontramos los tres: Dios, el hermano y cada uno de nosotros.
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