Jueves, 21 de julio de 2005
Hay una riqueza simb?lica en la luz de la vela, en la llama del cirio pascual.
Su simbolismo, plet?rico de significado, nos est? recordando que debemos ser luz para el mundo, para ese mundo que anda entre tinieblas, tinieblas que son de error y de maldad, maldad que se esparce por las cuatro latitudes, latitudes que deber?n ser renovadas por el hombre cristiano, hombre cristiano que ha de ser un cielo desbordante de luz.
La luz de la vela es un grito de vida espiritual; es una lengua que pregona la venida del Salvador, que fine "la luz del mundo". Esa d?bil luz de la vela, ese d?bil resplandor, tapado por el chorro potente de los modernos reflectores, est? indicando que, en medio de todo este mundo din?mico, aplastador, desbordante, hay que saber descubrir la luz de la fe, que es un canto de gozo y de triunfo sobre todas las limitaciones humanas; luz que es mensajera de un mundo inmaterial de paz y de amor.

"Llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorar?n al Padre en esp?ritu y en verdad, porque as? quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es esp?ritu y los que le adoran, deben adorarle en esp?ritu y en verdad" (Jn. 4, 23-24).
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