Mi?rcoles, 20 de julio de 2005
El agua corre limpia y cristalina desparramando frescura y verdor, fecundando la madre tierra, hinchando las semillas, dando color a las flores, madurando los frutos, acallando 1a sed de los animales, refrescando las gargantas de los caminantes.
Pero el agua cant? su canci?n m?s cantarina en la pila bautismal, cuando limpi? la frente del ni?o y blanque? su esp?ritu de la mancha original.
Entonces el agua fecund? una Vida, que no es terrena, porque es la misma Vida de Dios, que se transmit?a al alma del hombre, a?n ni?o, pero ya hecho, por ello, verdadero hijo de Dios.
Esa agua, instrumento sacramental de la nueva Vida en el hombre, sigui? corriendo y desliz?ndose, pero con la alegr?a de haber sido el instrumento de la inmensa Bondad de un Dios, que quiso hacerse hombre, pero que no par? hasta hacer al hombre part?cipe de su misma divinidad. Y si el hombre perdi? el miedo cuando vio a Dios hacerse como El, se sobrecogi? cuando se sinti? divinizado por la gracia.

"En verdad te digo: el que no nazca de agua y de Esp?ritu, no puede entrar en el Reino de Dios"(Jn. 3, 5). "Hab?is sido reengendrados de un germen no corruptible, sino incorruptible, por medio de la Palabra de Dios viva y permanente" (1 Pe. 1, 23).Medita en la realidad y en las exigencias de tu Bautismo.
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