Lunes, 18 de julio de 2005
Todo templo tiene un altar; no ser?a templo sin el altar; el templo es para cobijar el altar.
Pero es que en nuestra vida debemos tener un altar, all? en lo m?s rec?ndito del alma, guardado con todo respeto y veneraci?n, y orientando hacia ?l todas las acciones del cotidiano obrar.
Frente al altar cabe una postura de entrega y de brazos abiertos. De labios en flor, que se abren a besos, a canciones y a rezos. El beso al altar es palabra caliente de agradecimiento sincero; ese altar ?ntimo de tu alma debes besarlo con reiterado afecto, por cuanto en ?l est? tu Dios, en ?l se manifiesta la bondad de tu Dios, que te sigue d?a a d?a, momentos tras momentos, pensando en ti, llam?ndote, esper?ndote. Has de besar esa mano de Dios extendida a ti, esa ara sacral en la que has de ofrendar tus sacrificios. Todo es de Dios y todo es para Dios; y todo eso lo debes ofrecer as?: con sonrisas, con rezos, con cantos e himnos de alabanza, con canciones y besos de gratitud y de amor reconocido y profundo.

"Har?s tambi?n un altar, para quemar el incienso... Cosa sacrat?sima es el altar en honor de Yahv?" (Ex. 30, 1-10). El altar en el que d?a a d?a debes ofrecer tu holocausto al Se?or, ha de serla mesa de tu trabajo, tu escritorio, tu herramienta, tu torno, tu cocina, tu mesa de planchar, etc.. Todo debe ser ofrenda al Se?or, ofrecida en todo lugar y en todo momento.
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