Lunes, 04 de julio de 2005
El af?n desmedido de nuestro mundo por la libertad ha hecho que en muchos ambientes se vaya rechazando, ya por sistema, la autoridad; y esto no puede ser.
Se quiere desorbitar el campo sagrado y leg?timo de la libertad personal, hasta provocar un desequilibrio funesto, convertido en claro ataque contra la autoridad, que rige y tutela el orden y el bien com?n.
Y en su lugar se da rienda suelta al libertinaje, que engendra el caos y la confusi?n, propios de la rebeld?a perturbadora; la desobediencia ha colmado sus audacias, quiz? tambi?n por la timidez de ciertos elementos dirigentes en cortar abusos, injusticias y esc?ndalos de muy diversa ?ndole.
La autoridad ha de ser mantenida, acatada y respetada por todos, pues sin ella la sociedad perder?a su raz?n de ser y se desintegrar?a. La autoridad viene de Dios.

"No tendr?as contra m? ning?n poder, sino se te hubiera dado desde arriba " (Jn. 19, 11). Dios es el ?nico Se?or y Due?o de los hombres; es El el que hace participar a algunos hombres de su poder y autoridad, para regir y gobernar a los otros hombres.
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