S?bado, 02 de julio de 2005
Se habla de doscientos millones de enfermos en el mundo. Un d?a ser?s t? contado en ese n?mero. Para ese entonces, reflexiona que, si la muerte es castigo del pecado, tiene otras proyecciones, que no debes dejar pasar por alto.
La enfermedad nos ilumina el misterio de nuestro futuro: nos est? recordando que somos de aqu? y no somos para aqu?; la enfermedad nos humilla, nos sit?a en la verdad de lo que somos y nos deja confiados en las manos de Dios.
?Por qu? con la salud habr? tanto ser altivo y opresor, cuando hemos de acabar como enfermos que imploran piedad y suscitan compasi?n ? Por qu? tanto ego?smo y avaricia, cuando hemos de acabar entregados a los que caritativamente nos sostengan y ayuden hasta nuestro ?ltimo momento?
La enfermedad nos acerca a Dios; es el ?nico con quien nos vamos a quedar y de quien recibiremos para siempre amor y dicha.

"El salario del pecado es la muerte; pero el don gratuito de Dios, la vida eterna en Cristo Jes?s Se?or nuestro" (Rom. 6, 23). No est? mal que suframos nuestras enfermedades como una reparaci?n por nuestros propios pecados.
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