Viernes, 01 de julio de 2005
Quiz? hoy te encontraste con una ambulancia y quiz? ello te oblig? a pensar en el dolor; en ese pobre enfermo que iba camino del hospital, en ese m?dico, en ese enfermero, que viven dedicados plenamente a atender al enfermo y hacerle m?s llevadero su dolor.
Esa ambulancia ha sido para ti un verdadero despertador de la espiritual modorra que engendra el no pensar en el mundo del dolor. Por eso, Dios permiti? que la ambulancia se cruzara en tu camino.
Esta ma?ana te levantaste sano, y esta noche te acuestas sano; no pensaste en esa riqueza inmensa que es la salud y te quejaste porque no ten?as otras cosas; ano hubiera sido m?s justo que agradecieras el tener lo m?s y no te quejaras de no tener lo menos? Que vieras en Dios al Dador de todos los bienes y no tanto al negador de ciertas comodidades?
Y si Dios permiti? que en el d?a de hoy sintieras alg?n dolor, ano hubiera sido mejor que unieras tu dolor al dolor redentor de Cristo v al de tantos otros hombres, que hacen posible que los hombres miren algo m?s hacia el Padre, en los cielos?

"Cristo, siendo de condici?n divina, no retuvo ?vidamente el ser igual a Dios, sino que se despoj? de s? mismo, tomando condici?n de siervo, haci?ndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humill? a s? mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exalt?" (Flp. 2, 6-9).
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