Martes, 28 de junio de 2005
Se dice que estamos en el siglo de las revoluciones, pero se olvida que la gran revoluci?n la hizo en el mundo hace veinte siglos Jesucristo.
No suele ser muy respetuosa la intenci?n de los que afirman que jes?s fue el gran revolucionario; pero la realidad es que se confunden dos clases muy distintas y aun opuestas de revoluci?n.
Hay una revoluci?n que busca el cambio, por el camino del odio, de la violencia, de la guerra, de la destrucci?n, de la muerte; no es ?sa la revoluci?n que nos trajo Cristo.
En cambio hay otra revoluci?n, que tambi?n busca el cambio, pero m?s profundo: no s?lo de estructuras o reg?menes, sino del interior del hombre; quiere un hombre nuevo, en el que reine el amor, la justicia, la caridad, la paz, las buenas relaciones humanas; un hombre con un coraz?n grande, sencillo, limpio, tierno y compasivo que sepa perdonar, comprender, ayudar, en una palabra: amar.

"En esto consiste el amor: en que vivamos conforme a sus mandamientos. Este es el mandamiento, como lo hab?is o?do desde el comienzo: que viv?is en el amor" (II Jn. 6). En el amor est? comprendida toda la ley.
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