Lunes, 27 de junio de 2005
No es lo mismo el fracaso del apostolado, que el fracaso del ap?stol; el confundir las dos cosas puede llevar o a un conformismo est?ril o a un desaliento derrotista.
El fracaso de la acci?n apost?lica puede ser inculpable e imprevisible; en ?ltimo t?rmino, la decisi?n la toma cada persona en uso de su libertad, sin presiones de ninguna clase. Se podr?n poner todas las condiciones previas, se podr?n dar todos los pasos requeridos y, sin embargo, no conseguir lo que se pretende, por chocar- contra la dureza de un coraz?n cerrado.
Pero lo m?s triste ser? el fracaso del ap?stol; que el ap?stol no se haya sentido ap?stol, que no haya obrado como tal, que no se haya preocupado de ser ?l lo que exig?a a los dem?s, o se lo propon?a como ideal: esto constituye el fracaso del ap?stol, que lleva l?gicamente, no tanto al fracaso, cuanto a la negaci?n de la acci?n apost?lica.

"Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ?ngeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni otra criatura alguna podr? separarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jes?s Se?or nuestro" (Rom. 8, 38-39). Es el amor al Se?or el que nos debe mover en toda nuestra acci?n apost?lica; si amamos al Se?or Jes?s, debemos hacerlo amar por todos.
Comentarios