Viernes, 24 de junio de 2005
El hombre es un ser libre y por ser libre tiene conciencia, que le se?ala cu?l es el bien, que su libertad ha de elegir y cu?l es el mal, que ha de rechazar.
La conciencia en muchas ocasiones es el sem?foro verde que da paso libre al actuar del hombre; pero otras es el sem?foro rojo que alerta sobre las prohibiciones del paso, del peligro de una colisi?n moral.
Una ciudad din?mica no puede prescindir de los sem?foros regidores del tr?nsito y el hombre de hoy, atormentado y golpeado por tantos incentivos, no puede prescindir de los sem?foros de su conciencia, que permite o prohibe.
La conciencia es el juicio pr?ctico de la raz?n humana, iluminada por los altos principios de la ley natural, que es la ley eterna de Dios, participada por la criatura racional. Como en mi ser dependo de Dios, tambi?n dependo de El en mi actuar.

"E1 motivo de nuestro orgullo es el testimonio de nuestra conciencia, de que nos hemos conducido en el mundo... con la santidad y la sinceridad, que vienen de Dios y no con la sabidur?a carnal, sino con la gracia de Dios" (II Cor. 1, 12). No son los hombres los que en ?ltimo t?rmino deber?n juzgarnos, sino el Se?or; si El nos aprueba, no importa mayormente que los hombres nos desaprueben; aunque silos hombres nos desaprueban, debemos examinarnos para ver si Dios nos aprueba.
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