Silvia en la Cocina

jueves, 23 de junio de 2005

23 DE JUNIO

El hombre siempre se ha propuesto una serie de interrogantes, cuya satisfactoria respuesta anhela encontrar: Qué es el hombre? Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que a pesar de tantos progresos hechos, subsisten todavía? Qué valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? Qué puede dar el hombre a la sociedad? Qué puede esperar de ella? ¿Qué hay después de esta vida temporal?
Hace muchos siglos que el hombre se halla torturado por estos interrogantes y seguirá siéndolo, mientras no acuda a la fe, que es la única que puede dar la luz esclarecedora; una fe sincera y profunda, que lleve al hombre a echarse en los brazos paternales de Dios; de un Dios que piensa en el hombre, que ama al hombre, que se preocupa por el hombre, aunque el hombre no alcance a comprender, por su limitación de naturaleza creada, los planes y designios de ese Dios.

"Bajo la luz de Cristo, imagen de Dios invisible, primogénito de toda la creación, el Concilio habla a todos, para esclarecer el misterio del hombre y para cooperar en el hallazgo de soluciones, que respondan a los principales problemas de nuestra época" (GS, 10). Sin la luz de Cristo, no se hallan soluciones definitivas.

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