Mi?rcoles, 22 de junio de 2005
Poco se acostumbra hoy reflexionar, meditar, pensar con seriedad y detenci?n. El mundo que nos rodea es un mundo de bullicio que aturde y nos priva del silencio indispensable para nuestra introspecci?n.
Somos seres inteligentes; si el hombre es el profesional del pensamiento, hay muchos hombres que no ejercen su profesi?n; no debemos marchar por la fuerza exclusiva de los instintos ciegos y apetencias naturales, ni como hipnotizados irresponsables, m como son?mbulos inconscientes.
No vayamos a ser v?ctimas del v?rtigo de la velocidad, ni de la alocada precipitaci?n, que es el mal terrible de nuestros d?as; dediquemos cada d?a, unos breves minutos al menos, a entrar dentro de nosotros mismos; el "minuto de Dios" ha de ocupar en nuestro d?a un lugar preponderante; cuanto m?s pensemos, m?s hombres seremos; cuanto m?s pensemos en Dios, m?s nos asemejaremos a El.

"En tus ordenanzas quiero meditar y mirar a tus caminos. En tus preceptos tengo mis delicias, no olvido tu palabra" (Salmo 118, 15-16). La meditaci?n de la Palabra del Se?or y no solamente su lectura r?pida o superficial; el minuto dedicado a Dios poda meditaci?n de su santa Ley; deben ser dos preocupaciones que de continuo graben tu coraz?n.
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