S?bado, 18 de junio de 2005
El otro d?a penetr? en un templo, e hice la oraci?n que ahora te presento por si te es ?til; le dije a Dios:
"Se?or, que este mundo cansado y viejo con sus problemas, chorreando sangre y odio, me abofetee el alma. Frente al ego?smo de todas las cosas y de todas las horas, dame la responsabilidad y disponibilidad; l?brame del subjetivismo de los ojos cerrados; haz que abra bien mis ojos, para que vean el odio, la violencia, la injusticia, el hambre que hay en el mundo.
Haz, Se?or, que me duela el ego?smo; que me queme el estar en la butaca del espectador en un mundo hambriento de verdaderos valores, de hombres aut?nticos; haz que el vaho de lo vulgar, de lo mediocre no me mancille; que el. n?mero de los amorfos no me anegue, ni el de los conformistas coarte mis decisiones".
Creo que deber?as repetir esta oraci?n con frecuencia, pues muy bien puede constituir para ti y para m? un plan de acci?n y de vida.

"Todo el que aborrece a su hermano, es un asesino" (I Jn. 3, 15). "Hemos de llenarnos de un sano optimismo, / tender nuestros brazos a quien nos hiri?; / y abrazar a todos nuestros enemigos / en un dulce abrazo de amor y perd?n".
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