Viernes, 17 de junio de 2005
Hay que saber dialogar con los que nos rodean; es muy triste no conocer otra cosa que el mon?logo; y dialogar es saber escuchar y es ponerse en disposici?n de comulgar con el otro.
Hablar y escuchar son dos actos de id?ntico valor humano, son en realidad un mismo acto. Quien no sabe escuchar, ni siquiera hablar? con plenitud: vocear?, gritar?, monologar?. Pero nada de esto es positivo. Cuando no se sabe dejar hablar, terminar? uno escuchando sus propios gritos.
S?lo los humildes son los capaces de dialogar; sin un sincero esp?ritu de acogida, no es posible el di?logo; hay que acoger al pr?jimo, ll?mese esposo, hijos, subalternos, amigo, etc... para poder dialogar.
Hay silencios o mon?logos que huelen a muerto: ha muerto el amor. Si hay amor, surgir? el di?logo, pues el amor hace milagros. ?Cu?ntos silencios hostiles entre esposos, hermanos, amigos... y cu?nta caiga de agresividad en esos silencios!

"La raz?n m?s alta de la dignidad humana consiste en la vocaci?n del hombre a la uni?n con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al di?logo con Dios" (GS, 19). Dios nos habla por la Sagrada Escritura y por medio de sus inspiraciones; nosotros le hablamos por medio de la oraci?n.
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