Lunes, 06 de junio de 2005
Todo tiende a renovarse: la flor que se marchita, cede el lugar a un nuevo capullo; la semilla que se pudre, produce nueva espiga; la noche que se cierra, preludia nueva aurora; la muerte queda compensada con un nuevo nacimiento.
Y el hombre ha de renovarse tambi?n; sobre la destrucci?n del hombre viejo del pecado ha de surgir el hombre nuevo de la gracia; hombre nuevo, que se ha de se?alar estas metas: emerger del silencio, para ser el Verbo creador; gozar con el dolor del alumbramiento, para ser el hombre-ni?o; deponer esclavitudes, para ser el hombre-libre; conquistar la realidad de su existir, para ser el hombre-nuevo.
Hay que mirar la vida con alegr?a, entristeci?ndose y avergonz?ndose s?lo del odio y no del amor; hay que encari?arse con el mundo y con la vida; hay que, ponerle multa al miedo y perseguir al pesimismo; hay que mirar siempre hacia las alturas, al azul del cielo y no deslizarse a ras de tierra.

"Hab?is sido ense?ados conforme a la verdad de Jes?s a despojaron, en cuanto a vuestra vida anterior, del hombre viejo que se corrompe, siguiendo la seducci?n de las concupiscencias, a renovar el esp?ritu de vuestra mente y a revestiros del hombre Nuevo, creado seg?n Dios, en la justicia y santidad de la verdad" (Ef. 4, 22-24).
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