Viernes, 03 de junio de 2005
Dios ha hecho libre al hombre. Por la libertad, signo supremo de la imagen divina en el hombre, Dios deja al hombre en poder de su propia decisi?n; no quiere aut?matas que sirvan, sino hombres libres que lo amen.
El hombre, due?o de su destino, con su inteligencia y su libertad, debe escudri?ar en los signos de los tiempos y en la Revelaci?n para restituir el primitivo equilibrio de la Creaci?n.
Fue necesaria la libertad para que la b?squeda y el encuentro con Dios sea un honor y no una violencia en nuestras vidas. Dios nunca puede ser un obst?culo en la persona humana. Lo esencial es llegar a El con libertad. El Esp?ritu nos gu?a hacia la verdad plena; y en ninguna mano est? nuestra libertad mejor protegida y resguardada que en la de Quien la ha creado.
No es libre el que rechaza la Verdad y el Amor, sino el que los acepta, los abraza y los vive en plenitud.

"Porque el Se?or es el Esp?ritu; y donde est? el Esp?ritu del Se?or, all? est? la libertad" (II Cor. 3, 17).
La libertad de los hijos de Dios, que no es otra cosa que la libertad del amor; de un amor verdadero, que ama al Padre por sobre todo y a los hermanos por amor al Padre.

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