Mi?rcoles, 01 de junio de 2005
Pas? ya el tiempo en que se pensaba y afirmaba que entre ciencia y fe hab?a una oposici?n irreconciliable; hoy se sabe que cada una tiene sus propios campos, sus c?nones y sus categor?as.
Pero la ciencia nos ense?a c?mo es el cielo, y la fe nos dice c?mo se va al cielo. La ciencia sirve al hombre de fe para reconocer la realidad temporal; la fe sirve al hombre de ciencia para iluminar esa realidad temporal, orient?ndola hacia lo eterno.
Debemos esforzarnos para, desde el interior de la ciencia, rescatar la verdad de la fe y, desde el alma de la fe, enriquecer las perspectivas de la ciencia.
El hombre de poca ciencia encuentra dificultades para llegar a la fe; el hombre de mucha ciencia tiene despejado el camino para llegar a la fe. El hombre de poca fe no se sentir? satisfecho con la ciencia; el hombre de mucha fe nunca tendr? miedo de la mucha ciencia.

"S? das acogida a mis palabras y guardas en tu memoria mis mandatos, prestando tu o?do a la sabidur?a, inclinando tu coraz?n a la prudencia... entonces entender?s el temor de Yahv?, y la ciencia de Dios encontrar?s. Porque Yahv? es el que da la sabidur?a, de su boca nacen la ciencia y la prudencia" (Prov. 2, 1-6). In verdadera sabidur?a est? en saber encontrar a Dios, en descubrirlo en todas las cosas y acontecimientos.
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