Lunes, 30 de mayo de 2005
El hombre de fe es una roca inconmovible, una fortaleza inexpugnable. La fe es una luz que surge en las tinieblas; da dimensi?n exacta a todo y lo cromatiza con colores aut?nticos: los colores de la gracia.
La fe es saber que Cristo vendr? para decir la palabra definitiva en la historia del hombre y del mundo. Es una b?squeda continua, que alienta con sus hallazgos a seguir buscando.
La fe es una seguridad humilde y temblorosa; un sumergirse dulce y escalofriante en el regazo invisible de un gran Padre, que es Dios. La fe es un trasplante de ojos, por el que penetra, en nuestra d?bil mirada, la comprensiva visi?n de un Dios de bondad.
Pablo VI dice: La fe vivida se transforma en luz; amada, se convierte en fuerza; meditada, se vuelve esp?ritu.
No olvides: de nada te sirve tener fe si no te comprometes con ella; y comprometerse con la fe es comprometerse con las nuevas y honestas transformaciones del mundo de hoy.


"Vuestro adversario, el diablo, ronda, como le?n rugiente, buscando a quien devorar; resistidle, firmes en la fe" (I Pe. 5, 8). Fe es fortaleza, es firmeza, es seguridad, es fundamento de roca inconmovible; la fe es lo ?nico que te va a dar en la vida orientaci?n y seguridad.
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