Jueves, 19 de mayo de 2005
"Felices cuando se los insulte y se los persiga y se los calumnie a causa de mi".
A causa de m?, es decir, por mi causa, por causa de Dios, por la causa del bien, da la justicia, del deber. Porque entonces el insulto es un honor, ya que es reconocer que somos fieles a la verdad, a la bondad, al deber; y ning?n honor mayor puede darse que esa felicidad.
A causa de Dios, pues, entonces el insulto, la persecuci?n y la calumnia no queda en nosotros sino que llega al Coraz?n del mismo Dios; el que habr? de compensarnos del insulto, de la calumnia y de la persecuci?n, ser? el mismo Dios; y cuando Dios compensa, por cierto lo sabe hacer muy bien y lo quiere hacer maravillosamente. Es preferible caer en las manos de los hombres que caer en las manos de Dios; antes hay que obedecer a Dios que a los hombres.
Ser perseguidos por la justicia es reconocer que somos justos; ser insultados por nuestra adhesi?n a Dios, es juzgarnos partidarios y amigos de Dios.

"Venid conmigo y os har? pescadores de hombres. Y ellos, al instante, dejando las redes, le siguieron" (Mt. 4, 19-20). Tambi?n a ti un d?a el Se?or te llam? para hacerte pescador de hombres; fuiste a aquel cursillo, a aquel retiro, a aquellos ejercicios, porque Dios te llam?.
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