S?bado, 14 de mayo de 2005
"Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ser?n saciados"
El hambre y la se corporal torturan; pero el hambre y la sed de justicia no es menos apremiante. Todos aquellos que desean vivamente que en el mundo se instaure la justicia, sabiendo que es ?sa la volunad de Dios; todos los que de una u otra forma se juegan por la justifica, para que en el mundo haya m?s justicia, sobre todo con aquellos que se hallan desamparados, con aquellos que no tienen medios ni influencia para exigir se les haga justicia; los que defienden la justicia para los pobres, para los oprimidos, para los perseguidos, para los despojados de sus leg?timos derechos... todos ?sos ser?n saciados.
En el mundo de hoy nos cuesta creer que llegar? un tiempo en que se har? justicia, justicia verdadera; pero la de llegar, a no dudarlo, el momento en el que Dios pondr? las cosas en su lugar y dar? a cada uno su merecido.

"Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrar?is en el Reino de los cielos" (Mt. 5, 20). La justicia evang?lica no es la mera justicia de las leyes, sino antes que nada la justicia de la ley del amor a los hermanos.
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