Viernes, 13 de mayo de 2005
"Felices los afligidos, porque ser?n consolados".
Bienaventuranza dif?cil de comprender, pero que encierra todo un secreto de verdadera felicidad.
Los afligidos, los que lloran, los que se sienten deprimidos y angustiados; todos los hombres deben gustar esos momentos amargos en determinadas circunstancias de su vida; el dolor f?sico o el dolor moral se prenden de nosotros, atenazan nuestras carnes o se prenden de nuestro esp?ritu; muerden, desgarran, laceran.
La enfermedad, el malestar, el accidente que troncha una vida o la deja lastimada; lo mismo que la incomprensi?n de nuestros m?s cercanos, el olvido de nuestros seres queridos, las relaciones tirantes, los tratos agrios... en fin, todo un mondo de dolor, de amargura; felices cuantos sufren, porque ellos ser?n consolados con el consuelo de Dios. Cuando todo resulta ineficaz, cuando nada en la tierra puede ser un lenitivo, es entonces cuando Dios aparece en el esp?ritu del hombre y lo calma y lo consuela y llega a hacerlo feliz.

"Yahv? ha o?do la voz de mis sollozos. Yahv? ha o?do mi s?plica. Yahv? acoge mi oraci?n" (Salmo 6, 9). "Dios pondr? su morada entre los hombres, y ellos ser?n su pueblo y El, Dios-con-ellos, ser? su Dios. Y enjugar? toda l?grima de sus ojos" (Apoc. 21, 3-4).
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