Jueves, 12 de mayo de 2005
"Felices los pacientes, porque recibir?n la tierra en herencia". Es la segunda bienaventuranza que Cristo nos promete.
Paciente es quien conserva la calma en medio de las tribulaciones, quien sabe dominarse a s? mismo, pero manteniendo en su interior la serenidad. La paciencia, la resignaci?n, pero no una resignaci?n onerosa, angustiante, sino una resignaci?n de calma, sabiendo que Dios saca bienes de los mismos males, de las mismas l?grimas hace brotar las sonrisas.
El que es paciente, contagia la paciencia y la calma a su alrededor; cuantos est?n con ?l o a ?l se acercan, participan de su serenidad; los gana y los mejora.
Con la paciencia todo se alcanza, reza el adagio castellano; con la paciencia todo se ve desde distinto ?ngulo y en todo se descubre nuevo valor. Es duro, en ocasiones, tener paciencia; pero es la ?nica posici?n l?gica del hombre y del cristiano, porque debe aceptar la voluntad de Dios.

"Necesit?is paciencia en el sufrimiento, para cumplir la voluntad de Dios y conseguir as? lo prometido" (Heb. 10, 36). Para que la paciencia no sea un mero estoicismo, ha de ser una aceptaci?n de la voluntad del Se?or.
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