Lunes, 09 de mayo de 2005
Por m?s que no lo quieras, en tu vida no podr?s nunca prescindir del dolor; el dolor es una realidad que no depende de nosotros; se nos hace presente, queramos o no queramos; incluso se nos hace encontradizo cuando menos lo queremos.
Pero si no podemos evitar el dolor, est? en nuestras manos el saber dar un sentido y otro, el adoptar frente a ?l una u otra posici?n, muy distinta por cierto una de otra.
Si al sufrir te enojas y protestas, con ello nada bueno consigues; solamente aumentas el sufrimiento y haces da?o a tu cuerpo en su parte nerviosa y a tu esp?ritu en tus relaciones con Dios.
Si al sufrir aceptas el sufrimiento, le das un verdadero sentido, lo conviertes en algo positivo, eficiente, salvador y redentor de ti y de los dem?s; con ello te est?s dignificando.
Si al sufrir llegas a amar al sufrimiento, ser? porque ya te ha acercado a Dios y has llegado a comprender que no es posible amar sin sufrir, ni sufrir sin amar.

"El sacrificio del justo es aceptado, su memorial no se olvidar?; con ojo generoso glorifica al Se?or y no escatimes las primicias de tus manos" (Ecli. 35, 6-7). El justo ha de convertir el mero dolor en aut?ntico sacrificio ofrecido al Se?or con amor y por amor.
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