Mi?rcoles, 04 de mayo de 2005
No se puede negar que pese al ate?smo moderno, el hombre de nuestro siglo est? buscando desesperadamente a Dios; tiene hambre de Dios, y esa hambre no se puede calmar sino con Dios.
Si t? buscas a Dios, lo encontrar?s ciertamente. Pero ten cuidado, no equivoques el camino, porque en ese caso la culpa de no encontrar a Dios ya no ser?a de El, sino exclusivamente tuya. Y es equivocar el camino, pretender llegar a Dios con los pasos del entendimiento; se va a El m?s bien por el amor.
Te extra?a que en Dios haya misterios que t? no alcanzas; pero no habr?a misterios en Dios si El no fuera infinitamente grande y bueno; o si nosotros no fu?semos tan peque?os comparados con El; pero, desde el momento que El es infinito en su poder y en su bondad y nosotros tan peque?os, es l?gico no solo suponer, sino reconocer misterios en Dios que nosotros no podemos captar. ?o es que preferir?as un Dios peque?o en poder y en bondad, como t?? Porque entonces no ser?a Dios, como tampoco t? lo eres.

"Hay un Dios en el cielo que revela los misterios" (Dan. 2, 28). El Misterio de Dios es Cristo, el "Misterio escondido desde siglos y generaciones y manifestado ahora a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer cu?l es la riqueza de la gloria de este Misterio entre los gentiles, que es Cristo entre vosotros" (Col. 1, 26-27). Agradece al Se?or, que te haya hecho conocer el misterio del amor a Cristo.
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