Mi?rcoles, 27 de abril de 2005
Lo m?s fatal que puede ocurrir a uno es tener raz?n y no saber usar de ella.
Porque, al tener raz?n, se abroquela en ella de forma tal que no admite ciertos derechos que tienen los dem?s: derecho a pensar como ellos creen que deben pensar; derecho a defender lo que ellos juzgan como justo y verdadero; derecho a disentir de ?l; derecho a ver la verdad desde su punto de vista; en una palabra: derecho a pensar que ellos tambi?n tienen raz?n.
Y as? es como surgen las ri?as y discusiones acaloradas; exam?nate con detenci?n y ver?s que la mayor?a de las veces que has discutido de tal forma que la discusi?n ha llegado a turbarte, ha sido porque pensabas que t? ten?as raz?n; pero no has sabido usara rectamente de tu raz?n y en esto ya no ten?as raz?n.
Pues, si haces bien en defender tu raz?n, no haces bien en defenderla de esa forma violenta, acre, incisiva, nada caritativa; y no es la raz?n la que debe mandar en tu vida, sino el amor; que ama con raz?n y sin ella.

Tres veces seguidas le pidi? Jes?s a Pedro que le dijera si lo amaba y entonces Pedro "se entristeci? de que le preguntara por tercera vez: ?Me quieres?" y le dijo: "Se?or, t? lo sabes todo, t? sabes que te quiero" (Jn. 21, 17). No tres, sino infinitas veces debes repetirle al Se?or que lo amas.
Comentarios