Silvia en la Cocina

martes, 19 de abril de 2005

19 DE ABRIL

Cuando hablas con los tuyos, cuando les respondes, cuando les llamas la atención, cuando les exiges algo, les sueles gritar, ¿verdad? Te pregunto: ¿por qué gritas?
Me dices que tiene la razón. Si tienes la razón, ¿para qué quieres gritos? ¿La razón de los gritos para ser reconocida y aceptada? Entonces la razón que tienes, es muy débil; no necesitaría de gritos, ni de otra cosa, si fuera suficiente fuerte.
Si no tienes tazón, ¿para qué gritas? ¿Es que pretendes imponerte por los gritos sin tener razón? No te ilusiones, nunca los gritos fueron convincentes; harán callar a tus inferiores, pero no los convencerán; y hacerte obedecer de alguien que no esté convencido, es imposible.
Si tienes la razón y expones la razón solamente con la fuerza del convencimiento, será efectivo y llegarás mejor al corazón de los demás.

Toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Pero "si os mordéis y os devoráis mutuamente, mirad no vayáis nuevamente a destruiros" (Gál. 5, 14-15).

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